Reggio Calabria: los Bronces de Riace, el paseo Falcomatà y el Estrecho

Asomada al Estrecho, con Sicilia y la silueta del Etna al fondo, Reggio Calabria es la puerta meridional de la Costa Viola y una de las ciudades más antiguas del Mediterráneo. Fundada por los griegos, fue uno de los centros más importantes de la Magna Grecia, y hoy su Museo Arqueológico Nacional custodia los Bronces de Riace, dos obras maestras de la escultura griega del siglo V a.C.

El corazón de la ciudad es el paseo Falcomatà, un kilómetro de palmeras, villas modernistas y bancos orientados al mar, donde al atardecer la luz se posa sobre la costa siciliana. Entre el aroma del bergamota, el Castillo Aragonés y el fenómeno óptico de la Fata Morgana, Reggio es una parada que une arte, historia y paisaje.

Los Bronces de Riace y el Museo Arqueológico

Los Bronces de Riace son el motivo por el que Reggio es célebre en el mundo: dos estatuas de bronce de guerreros a tamaño natural, realizadas en Grecia en el siglo V a.C. y halladas en 1972 en el fondo marino frente a Riace Marina. Hoy se exhiben en el Museo Arqueológico Nacional (MArRC), uno de los más importantes del sur de Italia, en una sala climatizada que preserva su conservación. Junto a los Bronces, el museo narra la historia de la Magna Grecia a través de hallazgos de Locri, Crotona y las demás colonias griegas de Calabria, con cerámicas, monedas y esculturas. La visita merece dedicarle tiempo: es la mejor forma de comprender las raíces helénicas de esta tierra.

El paseo Falcomatà, el Castillo y el centro

El paseo Falcomatà es el salón de Reggio: Gabriele D’Annunzio lo llamó “el kilómetro más bello de Italia” y sigue siendo un paseo inolvidable entre palmeras, ficus centenarios, villas modernistas y jardines asomados al Estrecho. Por el camino se encuentran los restos de las murallas griegas y las termas romanas, vestigios de la ciudad antigua. Algo más atrás, el Castillo Aragonés con sus torres cilíndricas domina el casco antiguo: reconstruido varias veces a lo largo de los siglos, es uno de los pocos monumentos que sobrevivieron al terremoto de 1908 que arrasó gran parte de la ciudad. No te pierdas la Catedral, la mayor de Calabria, y una parada para probar el bergamota, el cítrico que crece casi solo en esta costa.

El Estrecho, la Fata Morgana y cómo llegar

El Estrecho de Mesina es el verdadero protagonista del paisaje reggino: apenas tres kilómetros de agua separan Calabria de Sicilia, con Mesina, los montes Peloritani y el Etna siempre a la vista. En raros días de calma y con condiciones particulares de temperatura, desde el Estrecho se puede observar la Fata Morgana, un raro fenómeno óptico que hace aparecer la costa siciliana suspendida y agrandada sobre el agua, del que toma nombre la leyenda. Para llegar a Reggio: en coche se sigue la autopista A2 “del Mediterraneo” (Salerno–Reggio Calabria) hasta el final; en tren la ciudad está conectada con las principales líneas mediante la estación Reggio Calabria Centrale; el aeropuerto del Estrecho se encuentra a pocos kilómetros del centro, mientras que los transbordadores desde Villa San Giovanni llegan a Mesina en unos veinte minutos.

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