Sentiero del Tracciolino: senderismo panorámico por la Costa Viola

El Sentiero del Tracciolino es uno de los caminos más fascinantes de la Costa Viola: recorre la ladera a media altura, suspendido entre el cielo y el azul del Estrecho de Mesina, y sigue en buena parte el trazado del viejo ferrocarril que antaño unía Scilla con Bagnara Calabra pasando por Favazzina. Desde aquí la mirada abarca Sicilia, el Etna y, en los días despejados, las siluetas lejanas de las Islas Eolias.

Caminar por el Tracciolino significa atravesar bancales plantados de viña, aromas de monte mediterráneo, breves túneles y puentes excavados en la roca. Es un trekking de dificultad media, perfecto en primavera y otoño, cuando el calor es suave y la luz más tenue. Al atardecer, cuando el mar se tiñe de violeta, el sendero regala uno de los espectáculos más bellos de toda Calabria.

El recorrido y lo que se ve

El Sentiero del Tracciolino discurre a media altura entre Scilla, Favazzina y Bagnara Calabra, siguiendo en largos tramos el lecho del viejo ferrocarril abandonado. Se camina casi todo el rato con el mar abierto bajo los pies y la vertiente del Aspromonte a la espalda: un balcón natural suspendido sobre el Estrecho de Mesina. Ante los ojos se abren la costa siciliana, el perfil del Etna y, cuando el aire es limpio, las Islas Eolias en el horizonte.

El trazado alterna tramos abiertos y panorámicos con pasos más sombríos entre la vegetación, breves túneles excavados en la roca y pequeños puentes que salvan los barrancos. Se puede recorrer entero de un pueblo a otro o elegir solo una parte, por ejemplo partiendo de Favazzina, en posición central. En cualquier caso conviene informarse sobre el terreno del estado del sendero, ya que algunos tramos pueden verse afectados por desprendimientos o mantenimiento.

Viñedos heroicos, naturaleza y la historia del ferrocarril

La vertiente de la Costa Viola está modelada por bancales sostenidos por muros de piedra seca, donde se cultiva la vid desde hace siglos. Son los llamados viñedos "heroicos": parcelas minúsculas y empinadísimas, accesibles solo a pie, donde cada racimo debe bajarse al valle a hombros. De estas uvas nace en particular el Zibibbo de Bagnara, un vino dulce ligado a la tradición local. Alrededor, el monte mediterráneo huele a retama, lentisco y chumbera, mientras el mar permanece siempre presente, unos cientos de metros más abajo.

El sendero conserva la memoria del viejo ferrocarril decimonónico que corría a lo largo de la costa: abandonado cuando el trazado se trasladó al interior y a túneles, dejó túneles, puentes y muros de contención hoy engullidos por la vegetación. Caminar aquí significa leer, paso a paso, el esfuerzo y el ingenio de quienes arrancaron a la montaña el espacio para las vías y para las hileras de vid.

Consejos prácticos: cuándo ir y cómo llegar a los accesos

La mejor época para recorrer el Sentiero del Tracciolino es la primavera o el otoño: en verano la vertiente expuesta al sol puede ser muy calurosa, sobre todo en las horas centrales. Conviene salir temprano por la mañana o a última hora de la tarde, para llegar a los tramos más panorámicos al atardecer, cuando el mar adquiere sus célebres reflejos violetas. Llevad agua suficiente, calzado de senderismo, sombrero y crema solar: a lo largo del recorrido no hay puntos de avituallamiento.

Los accesos principales se encuentran en los tres pueblos que el sendero conecta. Scilla y Bagnara Calabra son accesibles en coche desde la autopista A2 "del Mediterraneo" (Salerno–Reggio Calabria) y disponen de estación de tren en la línea tirrena; Favazzina, una pedanía entre ambas, es un cómodo punto de partida intermedio. Al tratarse de un recorrido lineal entre pueblos distintos, puede ser útil organizar el regreso en tren o concertar un traslado. Antes de salir, comprobad sobre el terreno la transitabilidad del sendero y elegid el tramo más adecuado a vuestro ritmo.

Qué ver · Costa Viola