El mito de Escila y Caribdis: los dos monstruos del Estrecho de Mesina
Entre la punta de Calabria y la costa siciliana, el Estrecho de Mesina se estrecha hasta convertirse en un brazo de mar de pocas millas de ancho. Aquí las aguas nunca corren rectas: suben, giran y forman remolinos y torbellinos que desde siempre dificultan la navegación. Para explicar este mar inquieto, los antiguos imaginaron dos criaturas monstruosas apostadas en las dos orillas: Escila, en el espolón rocoso calabrés que hoy lleva su nombre, y Caribdis, el remolino que del lado siciliano se tragaba las naves.
Es una de las páginas más célebres de la mitología mediterránea, narrada por Homero y retomada durante siglos por la literatura. Esta guía recorre sus fuentes, el fenómeno natural que la inspira y los lugares de la Costa Viola donde el mito sigue vivo.
El mito en las fuentes clásicas: Homero, Virgilio y Ovidio
La versión más antigua del mito está en la Odisea de Homero: para volver a casa, Ulises debe atravesar un paso vigilado por dos peligros inseparables. De un lado está Escila, monstruo de seis cabezas anidado en una cueva de la roca, que arrebata a los marineros de las naves que pasan; del otro está Caribdis, que tres veces al día absorbe y vomita las aguas del mar. La hechicera Circe aconseja a Ulises ceñirse a la roca de Escila: mejor perder seis compañeros que la nave entera en el remolino.
La tradición posterior enriqueció la leyenda. En Ovidio, Escila es en origen una bellísima ninfa, transformada en monstruo por celos por la hechicera Circe; Virgilio, en la Eneida, advierte a Eneas del mismo tramo de mar. De estas páginas nace también la expresión «entre Escila y Caribdis», usada todavía hoy para quien está atrapado entre dos peligros igualmente temibles.
Tras la leyenda: las corrientes del Estrecho y la fata morgana
Tras el relato mitológico hay un fenómeno real. El Estrecho de Mesina comunica dos mares, el Tirreno y el Jónico, que tienen características distintas; con cada cambio de marea el agua es empujada de un lado al otro del canal y se acelera en el punto más estrecho. Así se forman las corrientes que los pescadores locales llaman «rema montante» y «rema scendente», acompañadas de remolinos y torbellinos bien visibles en la superficie. Eran estos remolinos, peligrosos para las pequeñas embarcaciones antiguas, los que inspiraron la figura de Caribdis.
El Estrecho es famoso también por la fata morgana, un raro espejismo que, en días de especial calma, hace aparecer la costa siciliana suspendida, alargada o invertida sobre el agua, como una ciudad fantástica. El nombre evoca al hada Morgana del ciclo bretón. Junto con las corrientes, estos fenómenos ópticos han alimentado durante siglos el aura mágica de este brazo de mar.
Dónde revivir el mito hoy: Scilla y la Costa Viola
El lugar del mito tiene un nombre y un rostro precisos: el pueblo de Scilla, en el extremo sur de la Costa Viola, surgido justo sobre la roca donde la tradición situaba la guarida del monstruo. Coronando el espolón rocoso está el Castillo Ruffo, fortaleza asomada al Estrecho desde la que la vista llega hasta Sicilia y el Etna: es el mejor lugar para imaginar las naves de Ulises pasando frente a la costa. A los pies de la roca se aprieta Chianalea, el barrio de pescadores con las casas al borde del agua, donde el mar llega hasta bajo las ventanas.
Desde Scilla se pueden observar las corrientes desde el paseo marítimo, participar en las visitas al castillo o subir al barrio alto de San Giorgio para una vista de conjunto. El pez espada, pescado en el Estrecho con las tradicionales barcas llamadas «feluche», sigue ligando la cocina local a este mar. Para quien quiera profundizar en el mito sobre el terreno, Scilla y los pueblos cercanos de la Costa Viola, de Bagnara a Palmi, son el punto de partida ideal.