Qué comer en la Costa Viola: pez espada, turrón de Bagnara y cítricos

La Costa Viola también se cuenta en la mesa. Entre Scilla, Bagnara, Palmi y Seminara, el mar y las terrazas cultivadas con esfuerzo dan forma a una cocina sincera, hecha de pocos ingredientes de gran calidad. El protagonista es el pez espada del Estrecho, pescado según una tradición antigua y cocinado de mil maneras, pero la lista de sabores que buscar es larga: el turrón de Bagnara, el aceite de oliva virgen extra, los vinos cultivados sobre el mar y los cítricos de la Llanura de Gioia Tauro.

Esta guía reúne los productos símbolo y los platos imprescindibles durante unas vacaciones en la Costa Viola, para orientarse entre mercados, pastelerías y restaurantes de pueblo y llevarse a casa, además de las fotos, algún recuerdo de sabor.

El pez espada y la cocina de mar

El pez espada es el alma gastronómica de la Costa Viola. En Bagnara y Scilla su pesca sigue un rito antiguo: desde lo alto de la pasarela – la “spadara”, hoy una embarcación altísima con mástil y larga proa – el vigía guía al arponero que golpea al pez con el arpón de mano. Es un oficio hecho de paciencia y de ojos clavados en el Estrecho, que se transmite de generación en generación. En la cocina el pez espada se convierte en mil platos: la rodaja a la parrilla con orégano y limón, los involtini rellenos de miga de pan, alcaparras y pecorino, y sobre todo la “ghiotta”, una salsa de tomate, aceitunas, alcaparras y cebolla en la que el pescado hierve a fuego lento. Junto al pez espada, los restaurantes de Chianalea y del paseo marítimo de Bagnara sirven boquerones, sardinas, calamares y toda la pesca del día, a menudo con vista directa al mar.

El turrón de Bagnara y los dulces

Bagnara Calabra no es solo pez espada: es también la patria de un turrón famoso, reconocido como Indicación Geográfica Protegida. Se elabora con almendras tostadas, miel, azúcar y cacao, y se presenta en dos variantes clásicas: el “Martiniana”, recubierto de azúcar glaseado, y el “Torrefatto glassato”, envuelto en una corteza oscura de cacao y con el intenso aroma de especias como la canela y el clavo. La tradición dulcera de la zona hunde sus raíces en los conventos y en las casas, donde las mujeres transmitían las recetas de fiesta. Durante un paseo por el pueblo merece la pena detenerse en una pastelería para probarlo recién cortado, quizá junto a otros dulces calabreses de almendra, higos y cítricos confitados. Es además el souvenir gastronómico perfecto para llevarse a casa.

Aceite, vinos y cítricos

Lejos del mar, la despensa de la Costa Viola se llena con los frutos de la tierra. De la cercana Llanura de Gioia Tauro llega un aceite de oliva virgen extra perfumado e intenso, producido por olivares antiguos y centenarios que dibujan el paisaje del interior. En las empinadas terrazas que caen sobre el mar, sostenidas por kilómetros de muretes de piedra seca, todavía se cultivan las vides que dan vinos sinceros y con carácter, herencia de una viticultura “heroica” arrancada a la montaña. Entre los cítricos destaca la bergamota, fruto perfumadísimo de la costa de Reggio usado en licores, dulces y perfumes, junto a limones, naranjas y mandarinas de la Llanura. A ello se suman almendras, higos, hortalizas y quesos de los pastos del interior: ingredientes sencillos que, reunidos, cuentan el encuentro entre el mar y el Aspromonte.

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